domingo 15 de agosto de 2010

Un año más

Hoy no es un día cualquiera. Un día como hoy hace 118 años en la subida Carampangue, cerca del sector de la Aduana, se fundaba el club Santiago Wanderers de Valparaíso. De seguro que quienes lo fundaron no dimensionaban lo que este club iba a significar en la vida de miles de porteños: pasión, sentimiento y orgullo de toda una ciudad. Hoy se cumple un año más de vida de esta hermosa institución que, pese a los momentos difíciles que le ha tocado enfrentar a lo largo de su historia, sigue más vigente que nunca. Definitivamente Wanderers significa en mi vida mucho más que un simple equipo de fútbol o 90 minutos... Por eso, pese a la derrota de ayer, hoy me declaro feliz y orgullosa de ser hincha de esta gran institución, de amar esta camiseta más que a nada y de llevar a la verde en el corazón.
Feliz aniversario Santiago Wanderers... ya vendrán tiempos mejores.

El Santiago Wanderers supo conquistar

para sus colores el puesto de honor

Y sus jugadores cual feroces leones

dieron en el campo pruebas de valor

Al batir la palmas que da la victoria

entre los cantares de la juventud

Alegres cantemos por siempre juremos

defender la honra y el nombre del club.

Vamos al field, vamos al field

a conseguir, a conseguir

que nuestro club con honor, con valor,

vencerá en la lid.

Que nuestro club que nuestro club

hoy como ayer a sus rivales

siempre supo vencer.



lunes 15 de febrero de 2010

Todo un referente

El sábado recién pasado nuestro equipo dio muestras de garra y coraje en la cancha. Entre los jugadores que brillaron ese día destaca la figura de un viejo conocido: Moisés Villarroel. Su nombre no sólo tomó protagonismo por haber sido el autor del tercer gol de Wanderers que sentenciaría el definitivo 3-3 ante Universidad de Chile, sino que también por la ayuda prestada a su compañero de equipo Agustín Parra quien sufriera un fuerte choque con el arquero caturro David Reyes. En los momentos en que Parra se encontraba inconsciente y con convulsiones en el suelo, el capitán wanderino intentó abrir su boca y tomó su lengua para que no se la mordiera. En el intento fue mordido fuertemente por su compañero por lo que tuvo que jugar el resto del partido con vendaje en 2 de sus dedos.
Grande Villita, grande Tío Moise, grande capitán.

martes 8 de diciembre de 2009

El mejor regalo :)

Hoy, 8 de Diciembre, en el día de mi cumpleaños número 19 no puedo exigir nada... el mejor regalo que podría haber recibido me lo entregó Santiago Wanderers hace exactamente un mes. El ascenso a la Primera División obtenido el domingo 8 de Noviembre es sencillamente lo mejor que me pasado en el año. Una vez más gracias decano por hacerme tan feliz y gracias a cada una de las personas que se han acordado de mí en este día y me han manifestado su cariño. El sentimiento es recíproco :)

domingo 22 de noviembre de 2009

Misión cumplida

Pasadas las 4 y media ya no cabía ni un alfiler en el estadio, como nunca en todo el año el Playa Ancha estaba repleto, todos los sectores teñidos de verde, excepto el que recibía a la barra de San Luis, que vestida de amarillo llegaba con la ilusión de ver ascender a su equipo. Sentada en la galería pensaba: “son 90 minutos… 90 minutos y ya estamos”. Era el último esfuerzo que le pedíamos a los jugadores, habíamos luchado durante todo el año por el ascenso y en ese instante lo sentía tan cerca pero tan lejos a la vez que no había forma de calmar la ansiedad. Ya el miércoles habíamos puesto un pie en Primera… faltaba el otro. En esos pensamientos estaba cuando sale el equipo a precalentar; los 11 jugadores que saldrían a cumplir nuestro más preciado anhelo. Los 11 que tenían detrás de sí el apoyo de una ciudad entera, de un puerto esforzado y sufrido. Los 11 que tal vez nunca podrían llegar a dimensionar lo que significa Wanderers en nuestras vidas. Ahí estaban, sintiendo el apoyo de la gente, a tan solo minutos de darle una nueva alegría a Valparaíso.
Una vez que se fueron a camarines entre gritos y aplausos, comenzó la previa de lo que sería la salida de los Panzers. Distribución de rollos, globos verdes y blancos por toda la galería, papel picado y extintores listos para recibir al equipo. Había llegado la hora… pasadas las 17.30 salen los equipos a la cancha y el recibimiento fue tremendo. Verde y blanco por todos lados.
El momento que tanto había esperado llegaba por fin. Con el pitazo de Carlos Chandía comienza el partido y ni el más optimista de los wanderinos se habría imaginado el gol de Cristián Alfaro al minuto 5, que nos daba un empujoncito más a la primera división, que desataba la alegría en Valparaíso y que enmudecía a los quillotanos. Ese gol me dio cierta tranquilidad; para mi sorpresa San Luis no había sido la avalancha que me había imaginado, sus acciones no generaban mayor peligro en nuestra área y el temprano gol de Wanderers les cayó como un balde de agua fría. Con esa ventaja nos fuimos al descanso, conscientes de que aún no estaba nada dicho y de que quedaban aún 45 minutos más. En ese entretanto miraba a la gente; hombres, mujeres, niños, jóvenes, abuelitos, familias enteras apoyando a Wanderers. Todos con la misma ilusión que cada minuto estaba más cerca de cumplirse.
En el segundo tiempo el panorama fue completamente distinto, San Luis entendió que esto era un final y que aún tenían chances de quedarse con la definición. Las llegadas a nuestro arco defendido por David Reyes eran cada vez más constantes y a ratos nuestra defensa se veía mal parada ante los continuos ataques de los canarios. El técnico Zucarelli en lugar de salir a abrochar el partido prefirió cuidar el 1-0 y sus cambios no hacían más que reflejar su intención. En una de las tantas llegadas de los hombres de San Luis, John Valladares comete falta penal… ¡¡¡por qué!!! En el momento menos indicado, ese error podría costarnos caro y sentí que cualquier cosa podía pasar. Con el gol de San Luis, aumentaron los nervios caturros y la ilusión canaria. Ahora sí se venían minutos vertiginosos. Un inspirado San Luis tenía conciencia de que un gol más significaba el alargue y seguían atacando, mientras nosotros seguíamos defendiéndonos.
Los minutos finales del partido fueron sencillamente dramáticos, y no podía ser de otra forma, porque si no se sufre no es digno de Wanderers. Los descuentos se me hicieron eternos, y cada minuto que pasaba parecía una hora. Ya no eran 90 minutos los que nos separaban de Primera, sino sólo 4. Se me hizo un nudo en la garganta, nerviosa y con el estómago apretado miraba atónita como los once de San Luis se iban en busca de nuestro arco. Hasta el arquero Luciano Palos saltó a cabecear un centro. Miraba a Chandía, pero este no hacía ningún ademán que hiciera presumir que finalizaría el partido. A pesar de lo intenso y del nerviosismo reinante en esos momentos vino lo más lindo que podría haber sucedido: todo el estadio, casi como en un acto reflejo se puso de pie y comenzó a darle el último aliento al equipo. Nunca se me van a olvidar esos minutos finales, mientras algunos entonaban el himno del club, otros se limitaban a aplaudir; andes, galería sur y norte cantaban dispares cánticos, pero qué importaba, el aliento era el mismo y el equipo tenía que aguantar los últimos minutos. Hasta que llegó el momento más esperado durante todo el año: el pitazo final de Chandía sentenciaba nuestro ascenso a la división de honor y desataba la algarabía en el estadio. No pude evitar ponerme a llorar, eran demasiadas emociones juntas y se me vinieron a la mente un montón de recuerdos. ¡Cuánto habíamos sufrido junto al decano! Pero ahora todo era alegría y felicidad, atrás quedaban los momentos amargos vividos en la B, aquello por lo que tanto habíamos luchado por fin se concretaba: el decano volvía al lugar del cual nunca debió haber salido.
Valparaíso volvía a sonreír y los porteños se agolpaban eufóricos en las calles para celebrar el ascenso, la Avenida Pedro Montt era una verdadera fiesta...Wanderers una vez más hacía que este puerto se transformara en carnaval.



martes 17 de noviembre de 2009

El ascenso del decano: la previa

A 9 días del ascenso a la Primera División de Santiago Wanderers, el club de mis amores, se me hizo indispensable dejar por escrito las vivencias de ese día. Desde la noche anterior en que costó horas conciliar el sueño hasta la algarabía que se desató en todo un puerto con el pitazo final de Chandía.
Noche del sábado 7 de noviembre y la ansiedad se apoderaba de mí, al igual que de los miles de wanderinos repartidos por todo Chile y el mundo, que esperábamos con ansias el domingo, un día que podía ser histórico para nuestro club, puesto que Wanderers nunca había festejado un logro en Playa Ancha... ese podía ser el gran día. Los nervios no me dejaban dormir y pensaba en todas las posibles situaciones que podrían darse; ¿qué pasaba si San Luis nos hacía 2 goles y nosotros no podíamos concretar? ¿Si expulsan a Villarroel en el primer tiempo?¿Si Luciano Palos se luce como nunca y ataja todo cuanto se le cruce por delante?, etc. La respuesta era una sola: podíamos quedarnos sin el anhelado ascenso y todo el esfuerzo hecho durante el año quedaba destinado a pelear en una liguilla de promoción.
Ya a altas horas de la madugada pude dormir, pero a las 8 de la mañana estaba despierta nuevamente, con los mismos nervios, con la misma ansiedad. Ducha, desayuno y como cada domingo partimos a la feria de Av. Pacífico, con mi camiseta puesta como es habitual. Desde temprano se sentía el ambiente futbolero, todos con banderas, todos con camisetas, esperando con ansias la hora del partido. Wanderino con el que me topaba intercambiábamos una sonrisa, porque aunque nunca los hubiera visto en mi vida nos unía un sentimiento en común: el amor por Wanderers.
Comí muy poco al almuerzo y lo único que quería era que pasasen rápido las horas. Actualizando a cada rato el muro eseaene leía como se sentían los otros wanderinos. Ya desde temprano algunos partían a hacer la previa.
Llegaron las 14.45 de la tarde y ya era hora de partir rumbo al estadio con mis viejos. A pesar de que mi mamá no quería ir porque no le gustan las aglomeraciones la convencí de que acontecimientos como esos no se vivían todos los días.
Llegamos a eso de las 3 y aún no se abrían las puertas del recinto, la fila de gente llegaba hasta la entrada principal de la Escuela Naval y seguían llegando muchísimas personas. Luego de unos minutos comenzó a moverse la fila hasta que de un momento a otro no nos dimos cuenta de que estábamos corriendo hacia la entrada a la galería norte. El famoso "guanaco" de carabineros lanzó un chorro de agua que mojó tanto a hombres, mujeres, niños y ancianos. Nos agolpamos todos en la entrada principal del estadio, las puertas seguían cerradas y la organización dejaba bastante que desear. El ambiente era hostil y lo fue aún más cuando carabineros, en una medida que no logro entender ni mucho menos justificar, hace emanar de su carro el "zorrillo" un gas que vino a acrecentar el malestar de los hinchas. En medio de la multitud, con un calor de aquellos y luego de ese tóxico gas, estuve a punto de desmayarme. Mareos, picazón de nariz, ojos y labios, los niños lloraban abrazados a sus papás porque el efecto de dicho gas es fuertísimo. La gente le recriminaba, con justa razón, su reprochable e inepto actuar a carabineros. Muchos llorábamos, en mi caso era una mezcla entre el efecto del gas y la impotencia que sentía en ese momento. Los minutos se me hicieron eternos hasta que por fín se abrieron las puertas del estadio. Estábamos casi al comienzo por lo que, a pesar de los empujones y obstáculos, no nos fue taaaaaaan difícil ingresar.
Poner un pie en el estadio me significó un alivio tremendo, aún con los ojos irritados me sentí tranquila pues ya estaba adentro, ahora sólo quedaba esperar, eran las 16.20 y el partido era a las 17.30...